“CON SAL EN LA MEMORIA”, DE MAR ZERAUS
UNA RESEÑA DE GLORIA OLIVA:
Después de leer “Con sal en la memoria”, entiendo que no estamos frente a una poeta cualquiera, es Zeraus, como a mí me gusta llamarla, la del apellido al revés. Es su voz que habla desde las profundidades, como esos moluscos que nombra, y con el que nos recuerda que incluso lo pequeño, lo que parece silencioso, puede contener un universo.
Uno de mis poemas preferidos es:
CON SAL EN LAS VENAS
¿Qué haces, aquí, niño,
con un puñado de colmillos
de tiburón entre los dedos,
con la sangre seca en los oídos,
con la mirada blanca de la ausencia?
¿A quién buscas con el deseo
de enterrarlo en estos arrecifes de metal,
con la violencia que acaricia el lomo de Hades
y desdeña la terrible belleza
de estas profundidades?
¿Qué haces aquí,
si aún te lloran en el otro mundo,
si aún tu cuerpo sigue caliente,
si aún te quedan hilos de luz en la garganta?
Dime, niño,
¿qué haces en esta oscuridad,
con escamas en la piel y sal en las venas,
si aún no estás muerto?
©Mar Zeraus
En él hay una voz que llama y que pregunta: [¿Qué haces, aquí, niño,]
Es una voz que no busca repuesta. Es Mar Zeraus que solo busca quedarse junto al niño, acompañarlo.
Este poema como todo el libro es un diálogo con los que ya no están.
Aquí hay una plegaria salada que se aferra a la memoria.
Mar Zeraus escribe desde ese lugar donde la palabra se mezcla con la sal y con el asombro. Donde la memoria tiene olor a costa y a infancia. La autora no escribe sobre el mar, sino desde dentro del mar. Y desde ahí, va trazando una cartografía de pérdidas y reconciliaciones. Ella en este libro ha querido que la memoria sea salada.
El libro es un diálogo con los que ya no están. Donde Mar Zeraus no mira al pasado con nostalgia.
Hay algo muy físico en su manera de recordar.
Otro de los poemas que me encantan es
UN TIBURÓN EN CASA
Mamá se acostaba junto a un tiburón.
Su esqueleto cartilaginoso
y su olor continuo a sangre y pez muerto
lo delataban.
Mi litera era un acorazado,
blindada con escapularios
y artillado con las baratijas religiosas
de todos los santos.
De noche, mientras las aguas
de nuestra casa rompían
contra los acantilados,
el aullido de las pardelas ocultaba
el frío que trepaba
por las patas de mi cama.
©Mar Zeraus
Con este poema nos recuerda que la memoria no siempre cicatriza.
En su voz, el miedo, la infancia y el mar se mezclan para recordarnos que todos tenemos un tiburón en casa y que la poesía tal vez es la única forma donde los tiburones aprenden a flotar en la ternura.
Este libro recibió el IX Premio Nacional de Poesía TRECIEMBRE-JOSÉ LUIS QUINTANILLA SAGÜILLO celebrado en la ciudad de Valladolid.
UN HUÉRFANO CON SAL EN LA MEMORIA
Uno que ha crecido de súbito a espaldas de su madre.
Gastón Baquero
Ya lo ves, madre,
el niño que se alimentó de la sal
y los sueños de unos pezones heridos,
el que robaba las sardinas del mandil de la noche,
el que escupió a los ombligos de las ballenas,
ese niño que depositaste como un rey
en la cesta del olvido,
al que enseñaste a morir cada mañana
de sábado, el que clama al horizonte
como una letanía los nombres, los apellidos
denegados, prohibidos, repudiados.
Sí, madre, ese niño
que dejó la niñez en unos calcetines ahogados,
que creció de súbito,
ahora camina de espaldas
y jamás mira a la luna,
porque presiente
que los lobos del pasado
se llevarán su sombra entre los colmillos.
©Mar Zeraus
Gracias, Zeraus, por llenar mi memoria de sal.
Gloria Oliva

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