“EL GALLO QUE NO CESA”, DE ROMÁN DEL PINO GONZÁLEZ

 

Nos encontramos ante el segundo libro del autor canario, Román del Pino González, último ganador del Premio de Poesía Pedro García Cabrera de la Fundación CajaCanarias.

El gallo que no cesa es un libro publicado en 2025 por la editorial Aliar, con una sugerente portada y un formato que gusta.


La poesía de este autor, a veces, es embriagadora. Utiliza adjetivos que sorprenden cuando habla de la propia poesía, algo abundante en sus creaciones, que lo hacen llamativo, como por ejemplo, en la página 14: [hay madre, recuerdos y cocina / en el reverso escuálido de este poema]; en la página 15: [se arrimaban tus versos domesticados / al otro lado de la orilla]; en la página 23: [te escribí este poema, / todavía sin enlucir,…], o en la página 50: [junto a las jaulas descosidas / de donde escapan magullados versos].

Con un lenguaje que mezcla lo cotidiano con vocablos cultos le da una riqueza lingüística a la poesía, dejando imágenes bellas que necesitas volver a leer, como por ejemplo el poema “La habitación”, de la página 31, dice: [Mi madre con traje renegrido, / ojerosa y quebrada, enhebrando / su lágrimas por el hermano muerto, / que parte, flotando, hacia una estrella doliente./ Nosotros, los niños, alelados / y en silencio ante el estridulante / repertorio de la cruda sombra,].

Esas imágenes tan metafóricas: las lágrimas enhebradas ¿se traduce en un llanto que no cesa?, o el estridulante repertorio de la cruda sombra ¿se refiere, quizás, a la cantidad de recuerdos que deja el difunto a los niños? La poesía es mágica y detrás de cada metáfora puede haber diversas interpretaciones.

El gallo que no cesa está empapado de nostalgia, de infancia y pasado. Rememora a la familia, a la madre que ya no está. Les dejo con un poema, el de la página 53:


EN EL PLANO DE LA MEMORIA


Yo no sabía

que un día sería huérfano solo a ratos,

porque mi madre se pasea por la casa

en noches de derribo.

Quizás sea un símbolo de desamparo,

ahora que mis alas revolotean y se pierden

en los días vidriosos,

y no encuentra mi pensamiento

una percha donde sujetarse.

O, tal vez, sea la otredad que forcejea

con su pecho de paloma contra la pared del olvido.

Aunque la pileta del patio está vacía,

sus manos continúan

lavando sin espuma el pijama de mi infancia.


©Román del Pino González


Muy buen libro. ¡Lo recomiendo!




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